Se conecta a lo que ya usa: el teléfono, los mensajes, el correo, su hoja de precios y su facturación. No reemplaza nada y su equipo no tiene que aprender un programa nuevo. Qué va primero lo decide el diagnóstico.
Son ejemplos de lo que se ordena cuando el trabajo del día se hace a mano. En su negocio puede ser otro: eso lo dice el diagnóstico, no un catálogo.
Usted cambia el precio en un solo lugar y la lista le llega a cada cliente por el medio que él ya usa (mensaje, correo o enlace), cada mañana. Si un precio cambia a media mañana, se reenvía sin que nadie la toque.
El cliente pide como siempre: por mensaje de texto, WhatsApp, correo o llamada. El pedido se confirma producto por producto y queda registrado sin que nadie lo teclee.
Cuando nadie puede contestar, el cliente recibe un mensaje en segundos por el medio que tenga (llamada, mensaje de texto o WhatsApp) y su equipo ve quién espera que le regresen la llamada.
Otros ejemplos: traen clientes nuevos y hacen que los actuales pidan más seguido. Si en su caso van primero, el diagnóstico lo dirá.
El negocio que quiere abrir cuenta con usted llena una solicitud en línea, en español o inglés. Se validan sus datos, se le explica por correo cómo comprarle (mínimos, días de entrega, formas de pago) y usted recibe aviso cuando hay una cuenta seria lista.
Cada lunes usted indica qué está fresco y en oferta. El aviso sale a todos sus clientes activos, por correo, mensaje de texto o WhatsApp, separados por tipo de negocio. Sin mandar mensajes uno por uno.
Si un cliente pide cada semana y de repente pasan 9 días sin pedido, le llega un recordatorio por el medio que usa: “¿Le mando lo de siempre?”. Los clientes no se van de golpe; dejan de pedir poco a poco. Esto los detiene a tiempo.
Correcto. Por eso no se le cambia nada a su cliente: sigue pidiendo por donde ya pide, sea mensaje, llamada o correo. La diferencia es que el pedido queda confirmado por escrito sin que usted tenga que ver el celular. Usted solo revisa cuando hay algo raro.
Perfecto, eso no se toca. Su facturación y su inventario siguen igual. Lo que se arma captura al cliente nuevo, le da seguimiento, recibe el pedido y se lo pasa a su facturación ya ordenado. No reemplaza nada: se conecta.
No le quitamos nada al sobrino. Su sitio actual queda como está. Lo que se arma corre en paralelo: la solicitud de cuenta nueva, la confirmación de pedidos y los avisos, sin tocar lo que ya tiene.
Lo hicimos dentro de una distribuidora de alimentos de Utah: pedidos por teléfono y mensaje, cobros en libreta. En la reunión le enseñamos cómo quedó, con datos de ejemplo. Si su giro es otro, el método es el mismo: primero se mide, después se decide.
Depende del tamaño de su negocio y de lo que haya que ordenar. Primero hablamos 30 minutos. Si tiene sentido, el siguiente paso es un diagnóstico y el precio se lo decimos en esa reunión, antes de empezar. Nada de cobros sorpresa.
Reunión de 30 minutos, sin compromiso. Cuéntenos cómo entran hoy sus pedidos, sus citas o sus cotizaciones y le decimos un par de cosas que ya vimos. Le contesta el equipo en 24 horas hábiles.
Reunión de 30 minutos, sin compromiso